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Lea la columna de Arturo Lavín.
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Por Arturo Lavín Acevedo. Envíe sus comentarios a editor@caballoyrodeo.cl

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En mi familia, especialmente en la rama materna, siempre se ha mantenido un apego a los antepasados. De muchos de ellos escuché muchas conversaciones en las que se recordaba sobre sus vidas y sus personalidades. Cómo se fue construyendo el alma mater familiar y cómo se ligaban sus vidas al terruño. Hay varios que dan tema como para escribir un libro. Lamentablemente, con el tiempo, ya van quedando muy pocos de los que sabían estas cosas y se va perdiendo historia y tradición. A la mayoría de los jóvenes de hoy, éstas cosas, simplemente no les interesan, no les encuentran mucho "swing", no las necesitan para poder vivir. En mi época de niño era parte de la vida saber quienes nos habían dado una forma de pensar y de vivir como familia, como grupo social.

Por puro hacer una comparación, esto de no conocer la historia familiar es como si un criador de caballos no supiera cuales fueron el padre y la madre del Estribillo, o que el Salteador fue nieto del Alcatraz y éste hijo del Africano y que éste pertenece a la familia cuevana del Acero por el Zángano y el Disparate. O que los caballos cuevanos se agrupan en dos familias y dos estirpes, las del Caldeado y Angamos y las del Halcón y del Tordillo Trotador. Bueno..., para que vamos a estar con cosas, hoy la mayoría de los aficionados se baten entre las puras sangres del Estribillo y del Colibrí y de ahí para adelante pare de contar. ¿Quién se acuerda con propiedad de los Alcatraces, otrora famosos, de los Batro, de los Lircay y de los Quillacón? ¡Por nombrar a algunos no más! ¿O de las familias Chiñiguana, Huicana, Ovallina o Principalina? Es que hoy se usa eso de que la historia comienza cuando uno nace y para atrás son puros recuerdos de viejos que casi no sirven para nada. ¡Salvo para contar historias!

Entre lo que escuché por esos tiempos, recuerdo que se mencionaba a un tío abuelo, Alberto Acevedo Vargas, el que según mi madre era un gran caballero y muy educado en sus modales, un "gentleman" como se usaba denominarlo. Por alguna razón, que nunca nadie me supo explicar, se le apodaba Jenofonte. Dicen que se fue a vivir a Punta Arenas y que por allá se desposó con una niña de apellido Serrano, por lo que tuve algunos parientes Acevedo Serrano a los que nunca conocí o descendientes de ellos a los que tampoco ubico.

Siempre me llamó la atención el apodo de Jenofonte el que me sonaba como a un personaje histórico, pero sin saber en que se había destacado o porqué se le recordaba. Hasta pensaba que podía ser un personaje mitológico de las leyendas griegas, ya que barruntaba que el nombre provenía de esa cultura. Con el tiempo, me fui documentando y supe que fue un sabio, coetáneo de Sócrates y que había escrito varias obras que la posteridad había conservado. Pero no hace muchos años atrás, por ahí, en algún libro que no recuerdo, leí que el primero que había escrito sobre el arte de la equitación había sido el mentado Jenofonte. ¡Que sorpresa!

Ahora, no sólo escribió uno, sino dos tratados sobre el tema, además que también fue el primero que escribió un tratado sobre la caza y, antes, escribió el primer tratado de economía. De hecho fue el inventor de la palabrita. ¡Nunca debe haber sospechado el amigo Jenofonte que veintitrés siglos después, la ciencia o seudo ciencia de su invención, nos iba a causar tal cantidad de problemas! También escribió sobre varias repúblicas y personajes de esos tiempos. ¡Se las traía el tal Jenofonte!

MI problema fue que al saberlo traté de conseguir sus obras, pero siempre encontraba aquellas de mayor trascendencia histórica y nunca pude pillar las que versaban sobre el tema que a mi me interesaba. Hace unos meses atrás, de visita por su terruño, estuvo en mi casa la Beñu, una sobrina que se fue a España y, al parecer, ya echó raíces por esos pagos. Como es media literata y los libros no se le van ná en collera, conversando, conversando, le pregunté si me podía buscar algún libro donde estuvieran estos antiguos tratados. ¡La muy maja lo encontró! Hoy lo disfruto y lo tengo, desde hace meses, aún casi como libro de cabecera. Se llama: . ¡Claro!... son las menores para los que no les interesan los caballos, pero para mi y, seguramente, para todo amante de estos cuadrúpedos fantásticos, simplemente, "Obras mayores".

Antes de entrar a los dichos de Jenofonte vamos a tener que desenrollar algunas carretillas previas. De puro hilo negro porque son sobre cosas muy antiguas.

Hace algunos meses atrás, por alguno de los artículos que escribí en el portal sobre la doma "moderna" de caballos, me llegó un correo de una persona muy interesante. Se trata de un abogado sobre temas tributarios, santiaguino en la actualidad, pero con raigambre provinciana y agrícola. Según me dijo, su familia era originaria de las tierras colchagüinas y en alguna época de su juventud vivieron por los pagos de Chillán. Hoy está afincado por las tierras históricas de Chacabuco, donde también, de vez en cuando, corre la vaca.

Lo simpático de éste amigo, Agustín Montes, es que cuando terminó sus estudios de postgrado, su señora quiso premiarlo con un regalo como reconocimiento a su esfuerzo, pero le preguntó directamente que le gustaría que le regalara. El hombre, según sus propias palabras, le respondió "¡dame permiso!". ¿Saben para qué? Para irse un mes a entrenarse en el arte de amansar y adiestrar caballos en las instalaciones de Marcelino ?Chico? Ramírez, en Morelia,... estado de Michoacán, en el mero centro de Méjico mano. Ahí, donde uno de los más famosos gurus de la ?doma racional?, o como quieran llamarle, estuvo un mes haciendo algo así como el servicio militar. El amigo Vega de Arauco tengo entendido que también fue alumno de ese profesor.

Chico Ramírez es actualmente un ídolo en España, donde predomina sobre Monty Roberts, Pat Parelli y todos los gurus provenientes de gringolandia. Debe ser porque el charro habla en cristiano y así los godos le pueden entender más fácil. Es grito y plata y tiene una caterva de seguidores, especialmente en la península ibérica y, también, en otros países de la Europa.

Bueno... para ir entroncando con Jenofonte, en la conversa con Agustín, el fin de semana en que nos vino a hacer una demostración de su arte a los criadores de Cauquenes, nos pusimos a divagar sobre esto de buscarle por la buena a los caballos. En una amena charla fuimos tratando de explicarnos el porqué, si hay antecedentes tan antiguos de que dicho método funciona, se derivó a escuelas de doma donde en vez de buscarles a ?la buena?, digamos, se les buscaba a los pobres brutos "a la fuerza", por no decir "a la mala" que suena poco ecológico hoy en día. De éstas escuelas "abrutaítas" se derivan muchos de los deportes ecuestres de reciente avenimiento, los rodeos de los cowboys, las charreadas y jaripeo de los mejicanos, las coleadas de mejicanos y llaneros, las jineteadas y paleteadas rioplatenses, el rodeo chileno y, también, la tiradura en riendas.

El asunto es que desde los tiempos de Maricastaña el hombre, con toda su inteligencia a cuestas, prefirió olvidarse del método inicial y entró en una lucha de "machos" con las bestias. La cosa es que el inferior tenía que entregársele al superior, pero por imposición "brutal" y no "racional", como se debe haber iniciado el contacto entre ambas especies, y que debería haber sido lo esperable, sobre todo, de un animal "inteligente".

Sobre este tema fuimos derivando en suponer como se las habrían arreglado los hombres primitivos para poder tener sus caballos "a la mano". Partió cuando dije que para mi, los indios de Norteamérica deberían haber sido los iniciadores de la hoy famosa "amansa racional". Claro,... si uno se acuerda de las antiguas películas de "coboyes", como les decía un primo, los indios que, generalmente eran "los malos", eran muy buenos jinetes y fuera de un bozal y una manta, a veces, no usaban más aperos. Pero lo más sorprendente es que eran hombres de grandes espacios y normalmente medios nómades. Se iban trasladando de lugar en lugar, detrás de la comida, los bisontes, y, fundamentalmente, cuando las pasturas para sus caballos se les iban poniendo escasas con el mismo talajeo, de los pastos para sus caballos.

El asunto es que no tenían instalaciones como las que hoy y que, desde hace mucho tiempo, se estilan para el manejo de los pingos. Potrerillos, corrales, pesebreras, etc. no estaban en el librito de estas gentes. Sin embargo, siempre los tenían "a mano". A lo más, se veía de vez en cuando a algún caballo amarrado a un palenque, pero como cosa de momento no más. Tiene que haber existido un tipo de contacto en que las bestias no le temían a los hombres. Recordemos que tampoco usaban potreros o algo parecido, la vasta llanura era su único potrero. Por lo tanto, desde hace tiempo me latía que los inventores de la hoy denominada "amansa racional" fueron ellos. Los primeros gringos en descubrirla tienen que haberla conocido de los famosos pieles rojas, los que al parecer, por lo menos en éste aspecto, no eran ná tan indios y mucho más racionales que los famosos jinetes anglosajones con todo su bagaje de cultura occidental que traían a cuestas. Dicen que por principios de los novecientos, los hermanos Tom y Bill Dorrance fueron los primeros en postular este tipo de doma. Habrá que averiguar si en realidad ellos pusieron algo de su parte o copiaron un método de alguna tribu con la que tuvieron contacto. Tarea pendiente.

Por extensión, por nuestros pagos tiene que haber pasado algo similar. Recordemos también que los aborígenes del sur de América fueron grandes jinetes una vez que lograron poseer caballos. De echo por ahí se destaca que en los casi trescientos años de guerra entre huincas y mapuches, éstos últimos fueron los inventores de la infantería hipotransportada, los conas mapuches se trasladaban a caballo pero combatían a pie. Esto, porque no tenían ni aperos ni armas para el combate ecuestre y estaban acostumbrados a luchar de infantes.

Los mapuches, pehuenches, puelches y tehuelches, todos grandes jinetes con el tiempo, tampoco tenían potreros ni corrales, por lo menos al comienzo de su relación con el caballo. A propósito, en mupudungun corral se denomina malal. Malalcahuelo en Argentina quiere decir "corral de caballos" y el antiguo criadero de don Harry Fahrenkrog, Malalpotro que estaba por Lonquimay, "Corral del potro". Claro..., no son palabras puras, es una mezcla entre mapudungun y castellano. Lo que demuestra que la costumbre fue adquirida o copiada con posterioridad a la llegada de los conquistadores.

Ahora, imagínense lo que hubiese sido tomar los caballos si estos no se entregaran solos. En las llanuras de Norteamérica o en las pampas sudamericanas, por último, uno los podía cachar desde lejos y perseguirlos, suponiendo que los hubiese podido agarrar. Pero..., en el caso de los pehuenches que vivían en la plena cordillera andina, el puro saber en que cajón o quebrada estaban los caballos les habría tomado días en averiguarlo. Después, más encima, había que pillarlos. No existe antecedente, aparentemente, que diga que se mantenía a algunos para poder tomar a los demás. Algo así como el "nochero" de los gauchos, el que siempre estaba a la mano. Pero, a pesar que estos jinetes mantenían un caballo siempre cerca, no era para agarrar a los otros, si no que para usarlo en algún apuro en que hubiera que montar rápido. Éstos jinetes de las pampas, muchos mestizos entre huinca e indio, además, inventaron eso de las tropillas, las que seguían a la madrina y donde se estiraba el lazo llegaban a pararse en correcta formación, así no fuera en el mismo medio de la pampa. Esto también es un acto de adiestramiento y entrega casi voluntaria por parte de los caballos. Al igual que el caso de las ?cobras? de yeguas de los españoles.

Por ahí fuimos derivando hasta llegar a las tierras del viejo mundo. Se dice que la domesticación de éstos equinos se produjo, lo más probable, en las estepas asiáticas. De hecho existieron grandes pueblos de jinetes, aunque por esos tiempos la palabra a lo mejor ni siquiera se había inventado. Por ejemplo, recordemos a los hunos de Atila y a los mongoles de Gengis Khan, fuera de celtas, persas, etc. etc., todos grandes caballistas. Hace poquitos días salió la información que en Kazajistán, entre Europa y Asia, se descubrieron molares de caballos con huellas de haber soportado un bocado. Esto dio para revisar la fecha de domesticación del noble animal corriéndola a 5.500 años atrás. Se figuran ustedes que hace esa friolera de años iban a existir potreros, corrales o pesebreras. No pues, los caballos tienen que haberse entregado por la buena, no queda otra. Es más, como por esos tiempos los hombres tenían fundamentalmente que preocuparse de la defensa y del abastecimiento de carne, se postula que las grandes domesticadoras de animales fueron ellas mismitas, las mujeres. ¡Que les va pareciendo!

Por ahí puede que cuando los pelo en pecho se metieron, en vez de hacerlo con suavidad femenil, le pusieron la fuerza bruta, a lo derechito no más. Tal vez si hubiesen seguido ellas a cargo de tan importante labor habríamos tenido desde hace mucho rato cabalgaduras entregadas y no doblegadas al jinete.

Un pero. Esto de que las muelas hayan tenido huellas de bocado no me cuadra mucho. Por una razón de lógica. Los bocados para poder "marcar" los dientes tendrían que haber sido de metal y de metal duro. Se sabe, sin embargo, que los primeros bocados fueron de tiento no más. Después, muchos años después, se adoptaron los de madera, mucho después los metálicos. Que una soga o tiento o un palo rayen las muelas, como que me queda grande. O, quiere decir, que esos dientes no son ná del mesmo prencipio, si no qué, de un buen tiempo después de la domesticación inicial cuando ya se usaban los metales.

Bueno, por aquí entroncamos con la Etología. Ésta es la ciencia que estudia el comportamiento de los animales, entre ellos el hombre. Las relaciones entre especies también caen en su ámbito. Y..., la doma, ¿qué es? Relación entre dos animales, un hombre y un caballo. Claro, muchas veces se llega a que sea entre un bruto y una bestia. Pero como ese método de contacto ya es bastante conocido y aún tiene fervientes admiradores, saltémoslo. Es más, hace pocos días en una conversa entre amigos, todos ponían en duda que estos "métodos modernos", como los llaman, fueran a servir en la equitación guasa. ¡Para la rienda puede ser..., pero para las vacas imposible... no ven que es otra cosa!

Bueno, por eso creí que era necesario demostrar que existen los antecedentes suficientes como para pensar que de "modernos" al parecer no tienen casi nada. Claro..., la güelta va ha ser larga, paciencia.

Arturo Lavín Acevedo, Cauquenes del Maule, marzo del 2009.

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