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Anuario 1968: El primer jinete huaso que representa a Chile en una Olimpiada

El Rodeo confirió el honor a Manuel Jesús Yáñez. Revisa este artículo publicado en la Revista de la Asociación de Criadores de Caballares.

El Anuario de 1968 de la Asociación de Criadores de Caballares incluyó este artículo dedicado a la designación del jinete Manuel Jesús Yáñez Celis como miembro de la delegación chilena en los Juegos Olímpicos de México.

Revisa la transcripción de la nota:

Un deporte no logra imponerse en la consideración social en una hora. Un deporte la alcanza cuando afianza su estructura interna y avanza responsablemente obre sus esencias históricas y tradicionales. Un deporte se hace respetado y respetable cuando consigue poner en ebullición todas sus posibilidades. Un deporte se impone, cuando en todo su conjunto hace advertir su importancia.

El rodeo, tal vez el más antiguo deporte nacional, el más auténticamente criollo, es paradojalmente el más nuevo dentro del Consejo Nacional de Deportes y Comité Olímpico de Chile; sin embargo, han bastado siete años para que su tradición varias veces centenaria, merezca señaladas distinciones. En esos siete años, sus representantes viajan al exterior, hacen demostraciones en Buenos Aires y sus campeones lucen gallardamente sus chamantos en el Viejo Mundo; en tal corto lapso sus mejores deportistas reciben laureles  junto a los campeones de las más diversas disciplinas. Y bien; ahora Manuel Jesús Yáñez es designado para representar a Chile en la Olimpíada de México.

Allí donde haya un representante nuestro, está el rodeo chileno. El sentimiento de unidad es común. Manuel Jesús Yáñez concurre a la fiesta máxima del deporte universal. A la fiesta donde cinco anillos simbolizan los cinco continentes que se reúnen a competir en una conjunción de hermandad.

Representar los sagrados colores de nuestra patria es un altísimo honor. Sabrá cumplir, enalteciendo al huaso con su sencillez de joven trabajador campesino, con sobriedad y conducta ejemplares.

Va a la fiesta milenaria, a la fiesta gigante del deporte. Fue, como se sabe, en la antigua Grecia donde tuvieron origen estos nobles juegos deportivos, destinados, por cierto, a perdurar indefinidamente. Antorcha encendida de ideales. Un tiempo prolongado su luz dejó de percibirse, ensombrecida por el curso de los acontecimientos que transformaron la historia del mundo. A fines del siglo pasado, gracias al genio de un hombre insigne, el Barón Pierre de Coubertin, esa luz se transformó en llamarada y el olimpismo se convirtió en un faro para orientar a la juventud de los cinco continentes.

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Aquello que se soñó toda la vida, raramente se puede cumplir…

Manuel Jesús Yáñez es primera figura de una historia hermosa. Como en esas hermosas leyendas, el hada generosa golpeó las puertas de su casa campesina y le dio la buena nueva. Su nombre pasaba a integrar la delegación que Chile envía al Campamento de la Juventud, en la Olimpíada de México.

México, interpretando la compleja ola de incertidumbre que vive el mundo, quiso congregar a la juventud de todas las naciones a la sombra de la paz y nobleza de la justa suprema del deporte universal. Gesto sublime y oportuno.

Chile concurre con dieciséis jóvenes, damas y hombres, provenientes de las más diversas actividades. Por derecho propio la selección, a base de concursos severos e imparciales, correspondió al Comité Olímpico de Chile y la Dirección de Deportes del Estado. Esas autoridades nacionales, en un gesto que compromete la gratitud de la Federación del Rodeo Chileno, la distinguió haciéndola depositaria del honor de elegir libremente a un joven de extracción netamente obrera, para que representara al campesino y sus tradiciones.

Así se gestó el viaje de Manuel Yáñez Celis. Fue electo entre muchos. ¿En base a qué méritos? En base a que efectivamente es un auténtico hijo de la tierra. Un colchagüino nacido junto a los trigales y pastizales del pueblecito "El Salto de Almahue". Un muchachito que sabe de surcos y amaneceres; de posturas de agua y de melgas. Un muchachito que a los nueve años se afirmaba a los pellones de un manco chúcaro. Un muchachito que siente y triunfa en los rodeos a la edad en que otros juegan al trompo o encumbran volantines. Un muchachito que a los diecinueve años se consagra definitivamente por sus aptitudes y por su técnica en un interasociaciones efectuado en Los Andes. Un muchachito que a los veinte, acompañando a Alberto Montt, en cuya propiedad trabaja, obtiene champions y se clasifica finalista en el Campeonato Nacional de Rodeo.

Manuel Jesús Yáñez Celis, es el mayor de los nueves hijos de Jesús Yáñez, gran arreglador y jinete de dilatada trayectoria, que en los últimos años ha obtenido innumerables champions acompañado por Pedro Vergara o Ramón González. Hijo de tigre, el cachorro tenía que nacer pintado.

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