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Las yeguas madres, reinas de nuestra raza

La yegua Mezcla.
Un artículo de opinión de Arturo Montory.

Por Arturo Montory G. www.tierradecaballos.cl

Ha sido nuestra costumbre destacar más los potros que las yeguas, por entregar los primeros muchos más crías, lo que permite juzgar su progenie más fácilmente.

Otros consideran que un buen potro todo lo soluciona, y que la yegua no tiene mayor relevancia.

Los estudiosos de los caballos chilenos por lo general en sus escritos se inclinaron por los potros entre los que me incluyo, pero ha llegado la hora de saldar esa deuda histórica con las yeguas madres, por lo cual he profundizado mi estudio sobre ellas en mi próximo libro “Reproductores de la Raza Pura Chilena”.

Sin duda que el trabajo de investigación se complica cientos de veces al incursionar en las yeguas y sus familias, las que por lo general son conocidas unas 20 a 30, no más de ellas.

Los criadores y estudiosos de la raza Miguel Letelier Espínola (nacido en 1883-f. 1965), Uldaricio Prado Prieto (nacido en 1874-f.1925), Francisco Antonio Encina Armanet (nacido 1874-f. 1965), se refieren con mucha certeza y fundamento a las 13 yeguas tordillas que Wenceslao y José Letelier Sierra compraron en remate liquidación de los bienes de Pedro de las Cuevas en Doñihue en el año 1862 y llevaron a la Hacienda Aculeo, las cuales formaron la base más valiosa de sus caballos.

Relata Miguel Letelier en 1937: “En la primavera de 1863 Casimiro Bello y Diego Tamayo que aún vive en 1937 de más de 100 años de edad, me han referido en detalle las circunstancias de su viaje y las características de las yeguas. Las 13 eran tordillas, ya blancas por ser de alguna edad, en todo semejante a los hijos que yo conocí por haber sobrevivido algunas hasta principio de este siglo XX, especialmente las que llevaban los números 18, 28 y 98 y que han sido troncos de familia extendidas y celebradas como la de la “Copa” o “Mezcla”, y después la “Anchoa”. Aun cuando el número de yeguas madres de origen cuevano fue reducido su acción sobre la casta aculeguana ha sido preponderante. Provenientes esas madres de una selección de varias generaciones, bajo la dirección experta y aun genial de don Pedro de las Cuevas, la persistencia hereditaria de sus cualidades ha sido notoria y su descendencia ha actuado en el criadero por más de 60 años, porque muy pocos de su descendientes formaron parte de la ventas anuales”.

También esos historiadores del caballo chileno se refieren a la madre del Bayo León, la Baya de propiedad de Ignacio Fuenzalida del Olivar, dice Hernán Anguita G. (1914- 2008), de ella: “Poseía una yegua famosa por su belleza, bondad e insospechable pureza, denominada La Baya. Por consejo de su amigo Pedro de las Cuevas, esta notable yegua fue cubierta por El Caldeado naciendo de 1958 el célebre Bayo León.”

Don Pedro de las Cuevas Guzmán nació en 1775 y murió en 1861, su criadero se llamaba El Parral de Doñihue, y ya su padre criaba caballos chilenos, por lo tanto estamos hablando de una selección racial de fines del 1700 en adelante, o sea al nacimiento de la Mezcla en 1907 ya habían pasado más de 150 años de busca de ejemplares sobresalientes de trabajo y belleza, razón por la que siempre he defendido tanto el “registro cerrado”. Lo que no es un mensaje de “no compartir”, al contrario, “disfrutemos juntos” de esta maravilla de selección y protejámosla.

A partir de 1893 cuando se inicia el Stud Book empezamos a seguir los pasos de las “grandes madres” hasta la actualidad, las que son ordenadas en este libro “Reproductores de la Raza Pura Chilena”, por familias de líneas paternas, por ser de más de más fácil identificación por los lectores.           

Entre los dos tomos ya explicados en detalle en artículos anteriores, son estudiadas más de 700 yeguas, con fotos, muy destacadas, por ser grandes madres a pesar de no haber corrido en rodeos y no ser conocidas, campeonas de exposiciones, campeonas de rienda, campeonas de rodeo, todas de gran mérito, difícilmente en el pedigrí de cualquier caballo nuestro no esté presente alguna de ellas.

Por supuesto también en este libro se estudian por familias los potros más importantes de la raza.

Se podrá apreciar fácilmente la gran influencia de reproductores chilenos en el extranjero a través de machos y hembras que criadores visionarios llevaron para sus crianzas, y prácticamente no existen ejemplares destacados que no tengan una raigambre conocida y de gran calidad.

La labor efectuada por el criador chileno en 300 años es fabulosa en relación a la conservación de la pureza racial, belleza y calidad funcional de nuestro caballo, y sólo disponiendo de ejemplares inscritos en el Stud Book de la Raza, sin recurrir jamás a caballos extranjeros.

Historiadores de los años 1600 describen al caballo chileno y sus acciones funcionales, exacto como es hoy día, impresionante. En el libro que escribí Historia del Rodeo Chileno, que nunca se ha publicado, vienen descritos en detalle estos relatos.  

También podemos comprender que solo somos un eslabón más, en la cadena de la crianza.  

El laboratorio que ha significado el Movimiento a la Rienda, el Rodeo Chileno y las Exposiciones es invaluable, además de la labor insustituible para mostrar la calidad de los ejemplares ejercida por cientos de años por el “arreglador”, cada uno en su mérito.

Con esta obra espero cerrar un círculo en la entrega de mis reducidos conocimientos en relación a la raza, de su historia genealógica y funcional y que quede un registro escrito para las futuras generaciones.

Si todo sale normal espero entregar estos Dos Tomos a los aficionados en Abril de 2015.

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