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Conectando con el Enchufito

Enchufito.
Revisa el artículo de Diego Kort.

Por Diego Kort Garriga, Criadero San Jorge El Victorioso.

Innumerable fue el legado que don Alberto Araya Gómez dejó plasmado en nuestra raza caballar chilena. Gran zootecnista, huaso y criador. Su ojo agudo y certero ayudó mucho a formar el estándar actual de morfología y logró entrelazar sangres que fueran ligadoras a las labores vaqueanas y del diario vivir del hombre de campo con su caballo. Extensas podrían ser las palabras para describir y contar acerca del gran aporte y la gran trayectoria de Don Alberto, y claramente hoy no podremos abarcarlas todas, pero empecemos por esta interesante historia.

En más de alguna ocasión tuve la oportunidad de compartir con su nieto, don Francisco Correa Araya, gran exponente de casta de criadores de caballos chilenos, huaso, destacado oficial de caballería y perteneciente a familias que fueron fundadores de nuestra raza caballar. Activa fue su participación a lo largo de lo que ha sido su vida en criaderos como Los Torunos, Pozo Azul y La Invernada, entre otros. Con mucha algarabía contaba las historias del Enchufe y la Torhuela, que fueron grandes padrillos y jefes de líneas que marcaron huellas en la actualidad.

Lo que les contare a continuación es la historia de la mezcla de estos reproductores para llegar a lo que fue el Enchufito. Para esto tenemos que despresar su pedigrí o pedrigee. Que ha todo esto, esta definición viene del francés “pied de grue” que se refería para nombrar las tres marcas rectas que los primeros criadores de caballos utilizaban para marcarlos.

El Enchufe (Por Cristal y Oblea, criado por Adolfo Luco) ha sido descrito (escritos de don Alberto A.) como un potro de “insuperable en presentación a la mano”, “continuador del Angamos”, y otros sin fin de apelativos donde se destacaba su sello y detallando que no se trabajó a la rienda ni a corrales” después destaca y da claro su decisión drástica de criador: “De su descendencia se conservó solamente lo que dejó en la yegua Torhuela”.

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Enchufe

La famosa Torhuela (por Pihuelo y Tortolita II)  “su pelo era bayo cuculí y su talla reducida, apenas llegaba a 1.38 m.”. Que distinto a las tallas actuales, donde un caballo de esas medidas o yegua en esta ocasión está en medidas promedios y en esa época era baja. Dentro de todas las características que sigue despresando la yegua don Alberto, nos habla de su calidad y sello, aunque reconoce de mala estructura y culpa a la crianza que tuvo en sus inicios la yegua. Parte de esos extractos obtenidos de Arturo Montory, gran escritor del caballo chileno y también de escritos de don Alberto de 1972. Fue una yegua longeva en su vida reproductiva y tenía una característica que fue homogéneo en sus hijos al tener condiciones de arreglo y cualidad de corrales.

Destacar que su línea es de las más requeridas en Brasil, quizás seria poco, ya que se buscan en Argentina y obviamente en Chile, ya que don Alberto fue el pionero en exportar parte de sus líneas fuera del país.

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Torhuela

Pero que es lo que realmente nos une en esta historia y es el trasfondo real de cómo llega este potro a la palestra.

Como partió esta escritura en mas de una conversa con gran ímpetu y jolgorio, con el menciona don Francisco Correa Araya, fue que despreso parte de la línea del “El Tutito” (que en lo personal soy un seguidor de esta rama genealógica), y fue así como se llega a la gran yegua “Buenas Noches” esta hija del  Enchufe con la Torhuela, y sobre sus características vaqueras y bondades morfológicas. Y la historia no solo fue solo para destacar ascendientes y descendientes, si no que me saco a colación un relato muy simpático, sobre un propio hermano de esta yegua que es el “Enchufito”.

Comenta que su abuelo Don Alberto Araya, vendió este potrillo a la edad de pasado un año, fue así que con el tiempo le dio prioridad en la reproducción a su propia hermana antes mencionada y donde obtiene buenos resultados que dejan perplejo al criador y lo hace sentar cabeza que quizás no debió haber vendido al potro (Enchufito, propio hermano. Para que se siga el hilo) empieza una épica y maratónica misión de volver a recuperar su potro.

Como se dice en jerga campera, paso harta agua bajo el puente y no se era posible seguir rastro del mentao potro, donde se iba a buscar ya la huella se había perdido, y de este modo pasaron años, más de 13 para ser exactos y cuando ya el cansancio agobia y la resiliencia ya era un hecho fáctico… En un paseo casual por caminos rurales en automóvil, fue cuando a orillas de camino, ensillado y amarrado a cabestro largo bajo un sauce en las afueras de una morada, pastaba tranquilamente un caballo, es una imagen típica que todavía se ve en muchas partes del país. Y sin dar mas importancia siguió camino, cuando a poco andar, recuerda su misión que había desestimado y encausa rieles nuevamente a su origen ideológico, torna el auto y vuelve a donde había visto a aquel animal. Lo mira tratando de trasladar la imagen de un potrillo hacia la de un potro ya formado, reconoce características de aquel animal y ve su reflejo de criador en él.

Comienza con ahínco a llamar en la casa a la que pertenece el árbol en el que el Potro sombrea y consulta por el dueño de aquel caballo que despertara su interés y curiosidad. El hombre lo atiende y amablemente conversa con el dando algunos datos del animal, por lo que se dispone a mostrarle los documentos respectivos a este.

Fueron pasando los minutos de conversación y mayor era la sensación de  confirmación de que ese era su preciado potrillo ya todo un macho, pero la incertidumbre se volvía un caldo de cultivo, hasta el momento en que regresa el hombre de la casa y dueño del potro le presenta los documentos y que grande y agradable fue sus sorpresa al darse cuanta de que el rompecabezas se armaba y las afirmaciones se volvían parte de una esperanza cierta, al confirmar que ese potro que fue una hazaña en su búsqueda fue encontrado cuando el pajal se había vuelto mucho mas grande que la diminuta aguja.

Y como fiador para el sombrero, logra un acuerdo con el hombre y don Alberto recupera y compra su potrillo y regresa a casa el Enchufito, hijo de dos grandes padrillos que tuvo la invernada.

Ahora que podemos decir de este potro, que no fue destacado en su labor de corrales, ya que no tuvo las enseñanzas, no fue crack del rodeo ya que no era el fin que se destino y hasta el momento no era el reproductor que logra ser a futuro, ya que nunca tuvieron con el la visión del criador.

Por mencionar algunos criaderos que hacen usufructo del material genético del Enchufito: Santa Isabel, Las Hortensias, Pidihuinco, Los Gomeros, Los Torunos, Piguchen, Huencuecho y claramente La Invernada.

La convicción de un hombre de poder resaltar una cualidad y luchar por mantenerla presente, aunque eso involucre tener que reconocer un error anterior.

Que cualidad la de don Alberto de luchar por mantener una línea y de que esta sea perdurable en el tiempo sin ver resultado deportivos, que hoy por hoy son bases de las exigencias de combinar sangre, dudo que exista alguien que sea capaz de poner un potro a una yegua con tal calidad de convicción, donde no teniendo resultado fehacientes sepa que el fin va ser un objetivo logrado.

Tengo que admitir que las líneas han cambiado y se juega por ir a la segura, ya que no queremos jugar con un margen de error, aunque no tengamos claridad que estos existan, ya que no hay parámetros.

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Alberto Araya Gómez

La convicción de un hombre de conectar ideologías y realidades, seria una mínima característica de este criador y feliz de ser parte de esta historia, aunque sólo me toque contarla.

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