Cuando la energía se transforma en música

Esa mañana el haras tenía algo distinto. No sabría decir si era el aire, la luz que entraba suave entre los árboles o esa sensación silenciosa que uno aprende a reconocer cuando vive rodeada de caballos: algo no estaba del todo en equilibrio.
Caminé hacia ellos, como siempre, pero antes de verlos, los sentí. Es difícil explicarlo… es como si cada caballo emitiera una vibración propia, una especie de “lenguaje invisible” que no se oye, pero se percibe. Ahí fue cuando recordé algo que aprendí hace años, casi por intuición y luego con estudio: los chakras.
Los chakras son centros de energía. Tanto en humanos como en animales, son como pequeños vórtices que regulan el flujo energético del cuerpo. Cuando están en armonía, todo fluye: el cuerpo responde mejor, la mente se aquieta, y en el caso de los caballos… su nobleza y conexión se vuelven aún más profundas.
Esa mañana, me acerqué a uno de mis caballos que estaba más inquieto de lo habitual. No cojeaba, no tenía signos evidentes de dolor, pero había algo. Puse mi mano suavemente sobre su cuello y cerré los ojos. No era un acto técnico, era más bien un encuentro.
Los caballos, al igual que nosotros, tienen siete chakras principales alineados a lo largo de su cuerpo.
El primero, en la base de la columna, está relacionado con la seguridad y la conexión con la tierra.
El segundo, en la zona del sacro, con las emociones y la vitalidad.
El tercero, en el plexo solar, con la energía y la voluntad.
El cuarto, en el corazón, con el vínculo, el amor, la confianza.
El quinto, en la garganta, con la expresión.
El sexto, entre los ojos, con la intuición.
Y el séptimo, en la coronilla, con la conexión espiritual.
Cuando alguno de estos centros se bloquea o se desequilibra, el caballo puede manifestarlo de distintas formas: tensión, cambios de carácter, bajo rendimiento o incluso molestias físicas que no siempre son evidentes a simple vista.
Pero…¿Cómo se “miden” los chakras en un caballo?
No es con máquinas ni números exactos. Es a través de la sensibilidad, la observación y la conexión. Las manos perciben cambios de temperatura, pulsaciones sutiles, resistencia o fluidez en la energía. También se puede usar péndulo. Sin embargo y según mi experiencia, nada reemplaza la presencia consciente y la escucha profunda.
Ese día decidí trabajar con Reiki.
El Reiki es una técnica de canalización de energía que busca restablecer el equilibrio natural del cuerpo. No invade, no fuerza… acompaña. Me acerqué a él, en silencio, dándole confianza y dejando que la energía fluyera a través de mis manos. Poco a poco, su respiración cambió. Su cuerpo, antes tenso, comenzó a soltar, a relajarse.
Es impresionante cómo los caballos responden. Ellos no cuestionan, no analizan… simplemente sienten. Y cuando sienten bienestar, lo aceptan con una entrega que emociona.
Con el tiempo, he incorporado la alineación de chakras como parte del cuidado integral de mis caballos. No reemplaza, en ningún caso a la veterinaria ni el manejo tradicional, pero suma algo invaluable: equilibrio.
He visto caballos más tranquilos, más conectados, con mejor disposición al trabajo. He visto cómo, al armonizar su energía, también mejora su relación con nosotros. Porque al final, todo es vínculo.
Ese día, antes de irme, me quedé unos minutos más observándolos. Ya no había inquietud. Solo esa calma profunda que tienen los caballos cuando todo está en su lugar.
Y pensé… quizás no se trata solo de entrenar, alimentar y cuidar.
Quizás también se trata de escuchar lo que no se ve.
Porque los caballos, en su sabiduría silenciosa, siempre nos están hablando.
Solo hay que aprender a sentirlos.
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